
El colectivo se llama 'Monitores Junior' (ver noticia) y es un ejemplo del abismo que separa la verdadera iglesia, la que está viva, la de los voluntarios, la de las actividades, la de la reflexión, la de echar una mano, de la iglesia oficial, la de la curia, la de mitra y anillo, la inmovilista y anclada en el pasado. La información que publica hoy el diario Levante se comenta por sí sola. Los monitores, apoyados por varios padres, mandaron cartas al arzobispado, que entonces estaba dirigido por Agustín García-Gasco (en la foto de arriba), sin obtener ninguna respuesta. Había muchas cosas raras en el campamento y al final se esciendieron de las actividades "oficiales", de forma que "el grupo escindido reúne en la actualidad a unos 60 jóvenes y el que seguía fiel al párroco, una docena".
Declaraciones de un monitor que recoge esta mañana Levante en primicia. "Siempre ha tenido predilección especial por los niños, aunque en el incidente del campamento también había niñas. Los menores siempre decían que habían estado jugando con él y todos respondían lo mismo, que no podían decir nada, porque es lo que les había dicho el sacerdote". "Teníamos la mosca tras la oreja. Daba mala espina. Lo hablábamos entre nosotros, pero no podíamos acusar a nadie de pederastia". En fin...
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