miércoles, noviembre 29, 2006

UNA OPCIÓN DE VIDA

Hoy he estado con un ermitaño. Se llama Antonio. Es un señor de 70 años que me ha presentado un buen amigo mío. He estado con él en la casa en ruinas en la que vive, frente al pantano de Giribaile, a medio camino entre Linares y Vilches en la provincia de Jaén. La verdad es que las condiciones de vida no son las mejores, pero tiene lo imprescindible: comida (la de su huerto y la de sus cabras), techo (en ruinas, pero arreglado), ropa (vieja, pero ropa a fin de cuentas) y alma. Sobre todo eso, alma.

Su vida era tan desordenada como su discurso. Decía que era feliz porque sin luz ni agua tenía el sol del alba, un paisaje envidiable, vida retirada y una soledad "que es buena". "Cada uno tiene su cruz, pero hay que saber llevarla". No sé si refería a su soledad actual o a lo que había hecho durante su vida, lo cual sólo me apuntó de refilón. Muchos nos retiraríamos con él, pero muy dificilmente recunciaríamos a las comodidades a las que ha renunciado él.

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