
El problema que el culé tiene es que su equipo tampoco hace mucho para que el destino cambie. El hecho de ir líder durante buena parte de la temporada y perder esa supremacía en las últimas jornadas, tener opciones para todo y perderlas en el último minuto, y que el Betis empate al filo del pitido final cuando el Barça ha tenido mil opciones de marcar es algo muy propio a la historia 'blaugrana'.
Claro que ha habido momentos de la historia del Barça en que se ha roto la fatalidad tradicional. Se ha llegado a disparar la euforia hasta límites inasumibles para después volver a caer en la depresión y en las ideas sombrías de mandar a casa a todos, de querer una limpieza a fondo. Luego vemos faltas de concentración como la de Thuram o la de la defensa culé en general en el gol del empate del Betis que provocan que el culé mueva la cabeza como si fuera la senda de los elefantes y que el madridista vuelva a lucir una blanca sonrisa en la oficina. Otra cosa muy tradicional...
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