miércoles, octubre 09, 2013

POR MIS TETAS EL ABORTO ES SAGRADO

Bien, voy a caer en la provocación, les hago un poco de caso y luego paso a hablar en serio. Tres mujeres jóvenes, activistas de la organización feminista internacional Femen, que se movilizan enseñando los pechos, han interrumpido la sesión del Congreso de los Diputados en pleno debate sobre la futura ley del aborto. Lejos del clásico “nosotras parimos, nosotras decidimos” se han pintado el cuerpo con la frase “el aborto es sagrado”. Para hacerse más patentes no sólo se han puesto a gritar y con la delantera al aire, sino que se han colgado de la columna de invitados de la cámara baja. Por lo tanto, enhorabuena, lo han conseguido, han hablado de ellas y de su futura presencia en España. Son feministas radicales cuyas movilizaciones habituales no son en pos de la igualdad sino del dominio femenino. Ya las han soltado y hasta aquí el incidente.

Voy a hablar en serio. La ley del aborto se reformó en 2002. Es una ley de plazos. Se permite interrumpir el embarazo sin dar explicaciones hasta la semana 14 de gestación. El texto autoriza la intervención por “grave riesgo para la vida o la salud de la madre o el feto”, previo informe de médicos especialistas distintos de los que van a operar, y siempre antes de 22 semanas. Más allá de ese límite se autoriza el aborto en caso de que haya Un embarazo de más de 22 semanas solo puede interrumpirse si se detectan “anomalías fetales incompatibles con la vida (…) o cuando se detecte en el feto una enfermedad extremadamente grave e incurable (…)”.

Ahora, el ministro de Justicia, Alberto Ruíz-Gallardón, plantea cambiar por completo y permitir el abortar tras una violación, malformación del feto o riesgo para la madre, pero de manera mucho más restrictiva que antes. Las chicas de 16 y 17 años pueden abortar libremente, aunque deben decírselo a sus padres, que deberán acompañarlas a la clínica. En cualquier caso, con Gallardón volveríamos a la vieja ley del socialista Fernando Ledesma, de 1985. Como dato, mencionar que la tasa de mujeres que abortaban en 1991, era 4,79 de cada mil. Ese índice se ha ido incrementando gradualmente hasta llegar, veinte años después, al 12,44 sobre mil. En adelante ese dato puede bajar a la fuerza gracias a la acción legislativa de un gobierno donde los tentáculos del Opus Dei se meten despacho a despacho. No hay límites.

¿Mi opinión sobre el aborto? No sé si te interesa saberla, pero se me cruzan dos derechos fundamentales del ser humano y no sé cuál de los dos preferir. Por un lado, está el derecho a la libertad de la madre. Por el otro, el derecho a la vida del no nacido. ¿Qué hacer? No hay ley que pueda regular algo tan elástico, tan viscoso y tan sumamente delicado. Pero entre un derecho y otro prefiero el de la educación, la formación previa para que no haga falta pensar en si abortar o no. Un aborto es siempre fruto de un error que se ha cometido y por definición es un fracaso. Pero, a mi entender, debe ser la mujer libre la última que decida sobre si su futuro hijo tiene que vivir porque eso significa que estará decidiendo sobre el futuro de su propia vida como mujer. Eso sí, tampoco necesito que me enseñen las tetas para recordármelo.

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