viernes, enero 17, 2014

BOICOT DE LOS LABORATORIOS CONTRA LA INYECCIÓN LETAL EN ESTADOS UNIDOS

Como los occidentales somos tan buenos, no aplicamos la pena capital por la horca, el garrote vil o la lapidación, sino por la sencilla e “indolora” inyección letal. Estados Unidos se compone de 50 Estados y solamente 18 han abandonado esta barbaridad más propia de la edad media que del siglo XXI, donde los jueces, disfrazados de superhéroes justicieros, se creen con el derecho de quitar la vida a una persona. Las mismas empresas farmacéuticas se están desmarcando de la inyección letal, el método que apartó a la silla eléctrica, se ve en graves dificultades. Y es que los laboratorios están diezmando a los justicieros yanquis de uno de los tres fármacos que se emplean en el cóctel de medicamentos necesario para ejecutar.

Es más, hasta los laboratorios europeos se niegan a vender su medicación al sistema de prisiones de Estados Unidos. De hecho, se han tenido que posponer ejecuciones por falta de alternativas. Pero al final, los Estados más obstinados han buscado esas opciones… y las han encontrado: utilizan fármacos que no han sido probados para ejecutar y que ni siquiera tienen la categoría de anestesia.

En 2011 aplicaron la inyección letal con un barbitúrico hecho para el sacrificio de animales. El “regalito” se lo dieron a Manuel Valle, un cubano de 61 años que se encontraba en Florida, uno de los Estados más partidarios de la pena capital junto con Texas. ¡Hasta el fabricante protestó! En una carta al Gobernador le suplicaba que no ejecutaran a Manuel Valle porque, entre otros motivos, el uso del barbitúrico “contradice todos los principios de Lundbeck (el nombre de la empresa) a la hora de hacer negocios, destinados a proveer terapias que mejoren la vida de las personas”. Un dato: la mitad de los 39 presos que en 2013 pasaron por el patíbulo son responsabilidad de Florida y Texas. Dos “ejemplos” para la humanidad.

No hay comentarios: