Mi nombre es Javier Lunaro.
Mido 1,70 aproximadamente aunque hace tiempo que no me preocupo en saber el dato exacto. Y creo que
peso 84 kilos aunque también hace tiempo que no me subo a una báscula. Nunca he creído necesario cuidados excesivos para mi cuerpo. A veces hago deporte, pero sólo cuando tengo ganas. Salgo a correr un rato y vuelvo a mi casa. Me afeito todas las mañanas, pero no me pongo cremitas. Y me rapo la cabeza mañana sí mañana no, lo cual me ahorra gastos de peluquería y reafirma mi
alopecia, con la que estoy encantado.
Tengo el cuerpo lleno de
pelos, por delante, por detrás, por todas partes, y me niego a depilármelos.
No me da la gana. El 'metrosexual' es un tipo de ser al que respeto (conozco alguno), pero no quiero ser como él. Reivindico el tipo racial de hombre mediterráneo, no porque sea superior sino porque es el que más me gusta y punto. Si volviera a nacer, volvería a ser
mediterráneo y charnego.
Odio a los trepas. Me siento orgulloso de que no me hayan regalado nada, de que todo lo que he conseguido lo haya logrado gracias a mi esfuerzo y mi trabajo, sin enchufes. Mi
hoja de servicio está muy limpia. Y odio a las niñitas que sólo saben enseñar el culo, que sólo hacen valer su
cuerpo por encima de valores para mi muy superiores. También sé que hay cuerpos espectaculares que lo tienen todo por dentro y por fuera. Los conozco y alguno de esos cuerpos está entre mis amigos. Pero vomito sobre todo aquello que es diseño y estética sin más, sin preguntas, sin debates.
Reivindico el derecho a hacer lo que me dé la gana, siempre y cuando no coarte la libertad del otro ni ciertas normas básicas de convivencia.
Hago lo que me da la gana y, como oí una vez no sé a quién, sólo tengo miedo de una cosa: de tener miedo. Reivindico mi
independencia, personal y profesional, mi curiosidad por las cosas, mi derecho a crecer. Soy un hombre de izquierdas, pero no estoy casado con nadie, soy independiente y lo llevo donde haga falta. Alguien me ha insinuado consecuencias por lo que aquí escribo. Mi respuesta es que
no tengo miedo y que soy feliz así. Duermo muy bien todas las noches.
Por otro lado también reivindico mi derecho a decir cosas inteligentes, que las digo y muchas, y también a decir tonterías, que por supuesto son otras tantas. Reivindico mi derecho a cometer
errores porque soy yo quien los reconoce. Porque soy tan
grande (valga la inmodestia) que reconozco y asumo todos mis errores y mis culpas, por mínimas que sean. Y menosprecio a la gente que culpa al empedrado, a los cantamañanas.
Me cago en la gente que ha minado mi
autoestima y me alegro de haberlos perdido de vista. Me cago en la gente que, aún hoy, me plantea discusiones que para mi forman parte del pasado, que me pide compromisos sobre cosas que ni he firmado ni he prometido. Me cago en la gente que se cree más que yo porque, al mismo tiempo, yo no me creo más que ellos, pero tampoco menos. Me siento orgulloso de tener a mi familia y a mis amigos porque son
la mejor gente posible en el mundo.
Reivindico al hombre contemporáneo con
valores, como la palabra dada y decir la verdad, que son cosas que ya no están de moda. No me gusta el concepto 'normal' porque es todo y no es nada. Todo es normal y realmente nada es normal. Pero, para que se me entienda, reivindico firmemente al hombre normal, sin más cuidados que los mínimos, trabajador, independiente, sin miedo, con derecho a hacer las cosas bien y a equivocarse, sin ser ni más ni menos que los demás. Sí, un
hombre normal.