
Ahora parece un escándalo que un sacerdote quiera ser concejal de su ayuntamiento. El caso de Antonio Fernández, en A Gudiña, en Galicia, es descorazonador. El administrador apostólico de Ourense anunció la suspensión de su labor pastoral mientras no dejara la política. Y Fernández tragó, dejó su acta de 'concelleiro' socialista y ahora la jerarquía católica tiene el papelón de colocarlo en otras parroquias
(leer noticia).
Estamos ante una clara illustración de como las mentes de ciertos sectores del clero se van cerrando con los años. En 1979, en en mi ciudad de nacimiento, en Santa Coloma de Gramenet, un cura comunista se convirtió en alcalde de una de las ciudades obreras más importantes de España. Lluís Hernández era el párroco del barrio de Las Oliveras. Y no pasó nada. Convivía con una mujer. Y no pasó nada. Viajaba a Cuba y hacía visitas a las guerrillas comunistas de América Latina. Y no pasó nada. Dio dinero a los sandinistas de Nicaragua. Y no pasó nada. ¡Faltaría más! ¿Debería pasar algo?

Un dia, el mismísimo arzobispo de Barcelona, que entonces era Ricard María Carles, afirmó que habría que estudiar el caso de Lluís Hernández, de acuerdo a la compatibilidad de la alcaldía y la parroquia. Desde su sillón, Hernández le dijo que esa era la opinión del arzobispo, pero que no era "palabra divina". El día que tuvo que dejar su cargo de alcalde, que no de concejal, no fue por imposición de la jerarquía católica, sino porque las urnas quisieron que Manuela de Madre fuera la nueva alcaldesa en 1991. Y Manuela no hizo más que recoger todo lo que Hernández había sembrado años antes. El brutal cambio de una ciudad sin asfalto a una ciudad con los mejores servicios y las mejores comunicaciones fue cosa del cura.
Un cura puede ser concejal, alcalde, cirujano plástico, fontanero, periodista, zapatero, joyero, barbero, etc. Un cura puede viajar donde desee, puede casarse, tener hijos, hacer lo que quiera... Un cura debe ser libre e integrarse en la sociedad. Sólo así podrá hablar de ella. Al menos es mi punto de vista... El punto de vista de un agnóstico al que le gustaría un diálogo entre religiones dentro de la laicidad.